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6/11/11

Al final de la jornada


—¿Y...?  —Movió la copa haciéndola tintinear sobre el vidrio oscuro—. ¿Pesado, el día?
—¡Qué va!... Excelente, excelente. A la centésima segunda computadora... No creerás mi suerte, ¡veintitrés capítulos de una novela!
—¿Inédita?
—Si no fuese inédita no estaría alegre como pascuas, ¿no te parece? ¡Hombre!

La sonrisa, de oreja a oreja.

—Pero... ¿revisaste...?
—Todo. Correos electrónicos, msn, cada carpeta de “mis documentos”. Todo.
—¿Foros, blogs, concursos?
—Nada. Inédita, te digo. Un pobre tipo que no sale de su madriguera. Como era yo antes de que la tuberculosis me trajera aquí.

Bebió un sorbo y volvió a hacer rodar el pie de la copa sobre el vidrio. A su alrededor las túnicas color cielo y nieve se confundían entre sí y con las imágenes en los espejos. Un dejo de envidia tiñó de amarillo pálido la suya; rápido, se obligó a pensar en otra cosa, cualquier otra cosa que lo arrancara de sus desvergonzados celos y devolviera a su túnica el color que debería tener. ¡Qué desdicha tanta vulnerabilidad!

—Y es buena. Es original, muy original, eso me dijo el Jefe —concluyó bajando la voz hasta el susurro.

Satisfecho, miró de reojo a su amigo, regocijado con sus esfuerzos por borrar el sucio amarillo de la túnica y obligarse a esbozar una sonrisa de compromiso.

—¡Qué...! ¿La leyó el Jefe? ¿Ya?
—Ya, sí. Tiene dos Editoriales interesadas en comprarla. Buen precio, ¡muy buen precio! Y espera más ofertas, mañana. Me dijo...
—¿Qué?
—Dijo que era el mejor negocio de La Otra Vida S.A. en un siglo.  Que esta vez nos pondríamos delante de la competencia. Que... —No pudo más y explotó—. ¡Me dará un ascenso! ¡Seré subgerente!

La túnica de su compañero tornó a un amarillo tan intenso que hería la vista. Varios fantasmas jóvenes, recién llegados al lugar, los miraron con curiosidad.

En ese exacto momento Joaquín Sindoque dormía intranquilo en su cuartucho de escritor ignorado. Seguiría siendo un escritor por cuatro meses y tres semanas más, hasta el día aciago que, paseando un ramo de rosas rojas que había comprado para su novia, descubrió en un escaparate la recién editada —y muy publicitada— novela Aguas de azúcar. Tembloroso, entró en la librería. Dos días después quemó en hoguera india su computadora, papeles y libros, abandonó la literatura, la ciudad y a Laura, y se embarcó rumbo a una plataforma petrolera, mar adentro. No volvió a saberse de él.

Nunca comprendió cómo su novela inconclusa fue plagiada hasta el último detalle. Eso lo atormentó hasta el bienaventurado instante en que una imprudencia lo explotó junto a la caldera.


9 comentarios:

Jesús García dijo...

La otra vida S.A. editorial interesante, martirio de escritores.

Me ha encantado el cuento y espacio por el que navega su protagonista que es apuñalado por el plagio.

Muy interesante.

Un abrazo
Jesús

antero dijo...

da miedo del bueno, del que hace pensar.

como siempre un placer leerte.

dafd dijo...

Es una delicia los diálogos, cómo usas la puntuación para crear silencios, sugerencias, sutilezas que no hace falta expresarlas en palabras.

DNAZ FRANCO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
DNAZ FRANCO dijo...

Me dio gusto ver que vuelves a las andadas con este "cuento precaucionario" de la era digital. Pobre autorcito, pero parece que en el futuro cercano no solo nos tendremos que dedicar a aprender cómo escribir, sino cómo combatir a los cíberpiratas.

Por cierto, este cuento lo tengo ya publicado en Kindle bajo un pseudónimo. ¡Muy buen cuento! Lo agradezco.

;)

D

EDIT - una tilde, caray…

Esther dijo...

Hola, Jesús... ¿Te imaginás si le sucediera a uno algo así? Realmente sería como para quemar los manuscritos e irse al medio de mar, ¿no?

Un abrazo,
Esther

Esther dijo...

Gracias, antero, por esto de "da miedo del que hace pensar". Sabia reflexión: el miedo, si es bueno, hace pensar. ¿Puedo plagiarla? :)

Abrazos!
Esther

Esther dijo...

Dafd, necesitaría un emoticón ruborizado... Tu comentario sobre los diálogos alegra de pura satisfacción que uno siente (ah, la vanidad, la vanidad...).

Un abrazo,
Esther
PD: descubrí a Colino y las arañas, pero todavía no he tenido tiempo en calma como para "ponerme al día". ¡Ya lo haré!

Esther dijo...

Jajaja, Daniel, ¡publicado con seudónimo y todo, en Kindle! No, si los ciberpiratas actúan rápido, ¿eh?

La era digital nos ha invadido hasta tal punto que incluso el más allá debe aggiornarse a estos tiempos. No más tablero ouija: ahora se trata de interfaces informáticas para la más efectiva comunicación entre ambos mundos.

Un abrazo,
Esther