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6/4/12

«El desperdicio», por Daniel A. Franco

Ya hace un tiempo que disfruté de la lectura de este relato… Pero la intención de hacer una breve reseña se me quedó, justamente, en intención, con el tiempo y las neuronas ocupadas a tiempo completo. Hace poco volví a leerlo y esta vez sí puse por escrito mis impresiones. Realmente fue un gusto leer y más todavía releer El desperdicio.



El desperdicio, relato. Daniel A. Franco.
Publicado en Amazon.
Para llegar a él: http://levedesliz.blogspot.com.ar/

El desperdicio entrelaza la narración de una serie de hechos con la narración sobre los personajes involucrados. La primera deja la sensación de que el azar es un diablo que metió su cola en la historia, retorciendo los destinos a puro golpe de buena o mala suerte. La segunda deja la sensación de que los personajes, incapaces de salir de su propio círculo de miserias, se encaminan fatalmente hacia esos ciertos destinos. La lectura final, entonces, camina en un equilibrio que, creo, cada lector romperá hacia un lado u otro lado a cuenta y riesgo propio. Y esta es una de las virtudes del relato: hacer partícipe al lector de la construcción del propio relato. Obviamente esto no sería posible si los personajes fueran figuras de cartón pintado. No es así; son humanos. Compleja y tristemente humanos. A la hora de la verdad no hay buenos, no hay malos, no hay ricos ni pobres, solo seres humanos que intentan —como pueden— vivir una vida cuya validez o cuyo desperdicio se relaciona más con esa condición de humanidad que con las circunstancias particulares.Así, leí El desperdicio con el interés que despierta una historia que llama a querer saber qué pasará a la vuelta de página, cómo se sucederán los hechos, qué le pasará a los personajes, pero al término de la lectura pensé que el relato me hablaba más allá de la historia; que me hablaba más bien de una historia y de personajes atemporales. Y esto, a mi modo de ver, es su mayor virtud.

La prosa merece un capítulo aparte. Quienes hemos leído antes a Daniel Franco sabemos que escribe muy bien y en más de un registro. El desperdicio está construido, en gran medida, con diálogos. Diálogos ágiles, rápidos, con interlocutores que hablan utilizando diferentes registros coloquiales, con modismos abiertos y también con muletillas que en la lectura apenas se perciben con el rabillo del ojo… pero que allí están. Los diferentes registros también aparecen en los párrafos de prosa pura, en principio a cargo del narrador; mas, aunque el narrador sea único, habla lo suficientemente cerca de los personajes como para hacerse en parte eco de sus idiosincrasias. Eso crea el efecto —o por lo menos así lo percibí— de asistir a escenas muy visuales, distintivas, cada una de ellas verosímil por sí misma. Hacerse en parte eco, ese es el secreto; si se hiciera totalmente eco posiblemente el relato se fragmentaría perdiendo continuidad. Me tomo el atrevimiento de citar dos breves párrafos, a modo de ejemplo:

«A sus espaldas, su mamá está tocando la puerta del baño a puñetazos y se oye a la cosa-hombre que sale y le dice con toda ternura a la mamá furibunda:
—Pinche cuchitril, parece una pocilga… »

«Claramente se nota que le disgusta la escena que presencia, y ella expresa su indignación con una elocuencia sazonada con una pizca de la Received Pronunciation que aun rehúsa desvanecerse en su recientemente obtenido dialecto neoyorquino.»

Claro, en todos los casos hay algo que se mantiene constante: la calidad escritoril. Es siempre un placer leer una prosa que destaca por alejarse de la monotonía y afirmarse en un sello personal, sin perder ni sencillez ni claridad ni mal usar los recursos linguísticos. Otra vez me tomo el atrevimiento de citar un párrafo:

«En el momento justo cuando Pedrito está listo para decirle sus verdades a la mamá neurótica de la limpieza, que ya le dio la espalda y se aleja, la puerta del dormitorio se abre de un portazo y una triste y fea excusa de varón aparece ahí y avanza su panza cervecera por la sala, emanando un delicado bouquet de humanidad mustia mezclada con whiskey del bueno y aliento mañanero del malo.»

Quizás porque me gustaría muy mucho ser capaz de escribir así (vade retro, envidia… ).

¿Aspectos negativos? En mi opinión, el relato saldría ganando con una leve reducción en el número de recursos estilísticos diferentes que se utilizan; no me refiero a los anteriormente señalados, cuya presencia es sin dudas positiva, sino a otros que los acompañan y que, en conjunto me dieron la sensación de provocar una lectura con más saltos de lo deseable. Sin embargo, también reconozco que es una apreciación subjetiva y que otros lectores bien pueden no verlo así, o incluso apreciar estas discontinuidades como elementos valiosos en su lectura. Y me queda la duda de si, leyendo el relato en formato de libro tradicional, mi percepción sería la misma.  Puede ser que no.

6 comentarios:

Jesús García dijo...

Un buen comentario que incita a leerlo. Voy a buscarlo y a recrearme en su lectura.

Gracias por presentarlo.

Un abrazo
Jesús

DNAZ FRANCO dijo...

Esther:

Me emociona mucho ver esta reseña publicada en tu blog. Vale la pena decir que lo aprendido contigo y con otros compañeros que aman la lectura y la escritura me ayudó a entender un poco más sobre "la escribida", y solo así pude pulir y planchar el cuento hasta que valiera la pena leerlo.

Muy agradecido,
Daniel Franco

David Franco :: ¡Ya Levántate! dijo...

Esther:

Sería difícil no estar de acuerdo contigo (si tan sólo entendiera lo que dijiste). Es broma. Es que nunca podría escribir una reseña así, gracias por tu comentario.

Leí hace mucho el cuento, mucho antes de que fuera publicado en otro medio que no fuera el Word de la PC de Daniel, así que seguramente conocí una versión sin "pulir y planchar" y, aún así, me pareció genial. Ya antes se lo dije a Daniel pero aprovecho el foro para repetírlo: ¡Genial!

Saludos,

David

Esther dijo...

Hola, Jesús... Seguro que te gustará la lectura.

Un abrazo,
Esther

Esther dijo...

Daniel, que el aprendizaje fue mutuo, "la escribida" (hasta donde sé, expresión de tu autoría que he plagiado sin medidad, jajaja)tiene esas cosas, cuando se sale del cascarón solitario... La reseña cuesta un poquito más de tiempo que un comentario en un foro (por esas razones de cuidar más el estilo), pero fue un placer escribirla porque de verdad me gustó mucho el relato.

Un abrszo,
Esther

Esther dijo...

Hola, David, ¡gracias por pasar por aquí!

Confieso que me sentí algo confusa cuando vi tu comentario, porque de entrada no caí en la cuenta que era otro Franco, también de nombre inicializado con "D", jajaja... ¡No entendía nada! Después caí en la cuenta de que no se trataba de Daniel sino de vos.

Me alegra que coincidamos en el análisis; si leíste la primera versión, esa que aún no había salido de la computadora, seguramente tu opinión ayudó a que otros, finalmente, también tuviéramos la posibilidad de leerla, así que es a uno al que toca agradecerte...

Un abrazo,
Esther