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18/1/12

Necroslogía. O cómo seguir soñando…


Uno de esos indeseados chisporroteos informáticos me dejó fuera de la Red en unos días muy especiales. Muy. Porque tras varios meses de trabajo hemos publicado la antología de cuentos Necroslogía.

¿Dónde, qué, cómo?...  Seguir el enlace…



Los autores de los relatos hicimos el libro, la página web, el book-trailer (en un ratito estará subido en la página), todo de principio a fin, detalle por detalle, a veces tras largas deliberaciones, otras teniendo que rehacer el trabajo una y otra vez. Cada uno, además de escribir un cuento, aportó en la medida de sus tiempos, de sus saberes, de sus posibilidades. Y aquí está. ¿Cómo no van a ser estos días unos hermosos días?

No, no hicimos todo, en realidad. El prólogo es obra de Paco Illán Vivas, a quien le agradezco profundamente su buena voluntad y su buen hacer.

No daré más detalles del libro en esta entrada, ¡porque lo que vale la pena decir ya lo encontrarán en su blog! Una página que no tiene desperdicio en ninguno de sus apartados, debo decir.

Si fuese una buena vendedora (marketing, en palabras elegantes) emplearía este espacio para convencerlos, estimados lectores, de que se apresuren a visitar la página de Necroslogía, que compren el libro en papel (aunque si viven fuera de España no se los aconsejo, los costos de envío son estratosféricos) o que, por lo menos, descarguen en forma gratuita el PDF. Y que, además, lean la Antología. Y que nos cuenten (enseguida, enseguida) si les gustó o no (espero que sí :) ). Y que recomienden el libro a sus amigos, compañeros, familiares y también a los desconocidos con los que se cruzan en la calle. Emplearía toda una página para ello. Pero no soy una buena vendedora; más aún, soy mala vendedora, lo sé. Así que… Simplemente: pasen y vean. Yo solo esperaré, con paciencia, los comentarios (aunque me desvelo esperando, jajaja).


Necroslogía es, para mí, más que una antología de cuentos: es un libro hecho con nuestras propias manos. Aunque sean manos virtuales… Pero no. A estas alturas los integrantes del colectivo literario La Tribu no somos virtuales, no estamos digitalizados; aunque la mayoría no nos conocemos en la vida real y poco sepamos los unos de los otros, tenemos un hacer en común, un compartir en común que vuelve innecesaria cualquier otra consideración. Si tuviera que definir en forma sencilla qué es La Tribu para mí, lo diría de forma realmente sencilla: un espacio donde soy feliz.


Hace bastante tiempo, cuando comencé a buscar información para escribir un artículo sobre la Editorial Eloísa Cartonera (Prosofagia 9, agosto 2010), quedé enamorada de su página web (http://www.eloisacartonera.com.ar). En ella hablan de cómo el proyecto surgió durante la peor crisis económica del país, cuando la destrucción de las fuentes de trabajo empujó a la gente a la calle, a los clubes de trueque y al cartoneo para sobrevivir, cuando no al saqueo de supermercados. De cómo los creadores de Eloísa Cartonera decidieron embarcarse en la loca idea de pelearle a la crisis, sumando a los marginados del sistema para hacer cultura y vender libros al mismo tiempo que un kilo de papas o un atado de lechuga.

De esa página copio un fragmento:

«Pero lo mejor que nos pasó, además de conocerlos a ustedes, fue convertirnos en cooperativa. Al principio nos costó despertarnos, darnos cuenta. Antes, todos nosotros estábamos dormidos… Con el cooperativismo aprendimos que el trabajo es lo mejor que nos puede pasar. Convertimos el trabajo en parte de nuestra vida, y nunca una obligación, algo desagradable; convertimos al trabajo en un sueño, en nuestro proyecto.
Aprendimos a confiar en el otro, a ser mejores compañeros, a esforzarnos por un objetivo común, por algo más que nuestro propio ombligo. Conocimos muchas cosas, ente tantas otras nuestro tierno corazón, aleteando, como un murciélago moribundo que no logra escapar por la ventana… ¡Que el trabajo sea una alegría fue nuestro mayor descubrimiento!».

En el momento que leí este fragmento me dije: tengo que ir. Tengo que ir allí, a ese local, hablar con ellos, respirar ese aire. No solo por el artículo. Un lugar donde el trabajo es un sueño y una alegría compartida es un lugar que uno no puede dejar pasar como si se tratase de un cartel indicador al costado del camino. Fui. Vi a gente que trabajaba duro y sin tomarse un respiro y, mientras tanto, contaban historias hermosas, de esas que uno no olvida, porque son historias en las que se remonta el fracaso, los tropiezos, las caídas a fuerza de trabajo y de ideas. Cuando llegó el horario de finalización de las clases de la escuela cercana, los pibes, rumbo a su casa, pasaban por el local; los chicos —que son más agudos que nosotros, los adultos— sabían que allí existía un mundo maravilloso y lleno de risas. Un mundo maravilloso creado alrededor de los libros.


La Tribu no es una editorial ni una cooperativa sino un colectivo literario. Pero cuando pienso en ella, pienso en el fragmento que acabo de citar. Por eso, quizás, tenemos una página web destinada a una antología de cuentos sobre la muerte que tiene, como figura principal, incluso como administrador, a Monki. Porque tomarse en serio el escribir sobre la Muerte (y nos tomamos en serio cada cuento que escribimos) no es óbice, en La Tribu, para no reírnos con los videos que ahora pueden encontrar en Monki Town (pestaña "Monki", arriba).

No disfrutar del hacer entre todos es, definitivamente, estar dormido. O eso es lo que creo.




PD: cuando le dé las últimas puntadas a un cuento delirante y absurdo que tengo entre manos,  sobre Necroslogía, lo subiré :)

14 comentarios:

pepsi dijo...

Mi piace estrenar los comentarios en tu entrada, ¡Estherlix! (para una vez que llego la primera).

Como lo es siempre, un placer trabajar a tu lado y de todos los tribales, y en nuestras «tribulaciones» también. Pero sobre todo, con esa mega definición de La Tribu (que debería adjuntarse como metadato para los buscadores): «un espacio donde soy feliz», déjame decirte que ese es el mayor placer, verte ser feliz y serlo a tu lado.

Un beso muy fuerte,
pepsi

Rafael Homar Ferragut dijo...

Yo también soy muy feliz. Ha sido genial la antología, muy divertida e interesante, pero aunque sea tangible es insignificante ante un universo intangible. Este primer fruto no refleja la fuerza de las raíces, ni permite intuir el grueso tallo que podría tener algún día. Gracias a ti, Esther, y a pepsi, y en mayor o menor medida todos, sin excluir a nadie, lo digo por mí, tenemos la llave de paso de una fuente infinita de creatividad. El tiempo lo dirá, pero tengo la impresión de que tenemos la sartén por el mango, de que será próximo el momento en que nosotros, la tribu, seamos el lugar donde confluirán todas las miradas. Ahora mismo ya somos la vanguardia, los corresponsales de nuestra generación, la voz del mundo. Tal vez me he pasado un poco. Jajajaja. Tenemos un buen equipo. Creo que, por encima de todo, somos un grupo de amigos. Unas personas capaces de serlo.

Un beso a las dos.
Rafa

DNAZ FRANCO dijo...

Pues me complace ver a todos tan contentitos. Muchas felicidades por este logro, y les deseo éxito perenne. O infinito, que es más…

En fin, que el viaje sea siempre de avance y nunca de retroceso. ¡Adelante, a conquistar el cíberespacio, una letra a la vez!

D

Esther dijo...

Pepsi, llégate primera, segunda o milésima, ¡siempre bienvenida! (Que lo sabés, que lo sabés...). Hemos pasado juntas las buenas y las malas, y Necroslogía (pese al tema)es, sin dudas, de las buenas pero muy buenas, tribales mediante.

Otro beso para allá, pepsita.

Esther

Esther dijo...

Jajaja, Rafa, sí que el entusiasmo te hace excederte un poco (¿Cómo dicen ustedes?, ¿pasarse veinte pueblos?, o algo así...). En serio: tu particular buen humor está siempre presente, en los relatos y en los post también.

La verdad verdadera es que Necroslogía fue un camino que valió la pena recorrer entre todos. Y sí, es cierto, cuando las personas somos capaces de entablar un buen compañerismo, las cosas funcionan, sea el lugar que sea, ¿no?

Un abrazo fuerte,
Esther

Esther dijo...

Daniel, me hiciste reir y mucho: imaginé a una turba de desharrapados, pluma en una mano y tintero en la otra, lanzándose, vociferantes, a la conquista del ciberespacio.
(Después me enteré de SOPA y PIPA y la imagen se volatilizó en un segundo, jajaja).

Y me encantó la palabra "contentitos". ¿Es de uso mexicano? Por mis pagos, casi nada, y es bien bonita.

Dejemos el éxito en perenne, nomás. A mí, como a Borges, el infinito me causa desazón (lástima que comparta con él esa desazón en vez de compartir su excelencia escritoril, pero, en fin, hay que conformarse con lo que se puede ¿no?).

Un abrazo,
Esther

pepsi dijo...

Jejeje, meto la cuchara, pero no en la SOPA, eh!, a saber qué mejunje se va a montar con eso. Mola lo de perenne más, porque:

a) las hojas perennes siempre son verdes (como un buen pellizco).
b) Monki come hojas, verdes, y perennes!, jajaja.

Sorry, es que tenía cuatro minutos libres para pasármelos pipa (que no PIPA).

Jesús García dijo...

Siempre es un placer escribir, pero hacerlo en La Tribu es excepcional, porque la tribu es eso, una tribu, donde no importa de dónde eres, ni como eres, lo que importa es que se tiene una ilusión común, la Literatura, y eso es grande.

Como lo es haber compartido un libro maravilloso.

Un abrazo
Jesús

Sergio José dijo...

Me uno a las palabras de Rafa, que además son preciosas. ¡Hay que crecerse un poco de vez en cuando!^^

Boris Rudeiko dijo...

Necroslogía dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad. Quienes tuvieron fe en el proyecto sabían que nada se consigue sin esfuerzo. Este libro es el final de un excelente trabajo y el principio de otros proyectos literarios.
Gracias por tener fe y por tu esfuerzo.

Un abrazo,
Boris.

Esther dijo...

Pepsi, entre tanta sopa (SOPA) y pipa (PIPA)me quedo con monkito almorzando hojas verdes (y perennes), jajaja.

Besos!
Esther

Esther dijo...

Usted lo ha dicho, Jesús: lo que importa es la ilusión de hacer un poco de literatura. Como se dice en mis pagos, más claro, ¡echale agua!

Un abrazo,
Esther

Esther dijo...

Ah, Sergio... ¡Crecerse de vez en cuando!, jajaja.

Un abrazo,
Esther

Esther dijo...

¡Hola, Boris! Todos los sueños requieren de fe y de esfuerzo, claro que sí... Pero ¡qué mejor que compartir el sueño, la fe y el esfuerzo!

Abrazos!
Esther